Sociedad y Escuela Emancipadora... condenadas a entenderse.


JAG - Posted on 20 May 2014

Por si sirve como avance para el debate de Granada, podéis ver este vídeo que recoge la conferencia “la educación emancipadora en el centro de los procesos de transformación social”. La ponente es una profesora de un centro de estudios universitarios vasco (Hegoa) cuya web podéis visitar aquí y que recoge, por lo que he podido ver, muchas ideas y principios comunes con la red IRES.

LA EDUCACIÓN EMANCIPADORA EN EL CENTRO DE LOS PROCESOS DE TRANSFORMACIÓN SOCIAL

En dicha conferencia se parte del análisis de la comunidad más grande posible: la sociedad humana actual que, caracterizada por una globalización neoliberal, necesita de la extensión de principios como la competitividad, el individualismo, la búsqueda del éxito personal – entendiendo el éxito desde el punto de vista del mercado - etc. Sigue describiendo algunas de las consecuencias negativas de dicha globalización (aumento de la desigualdad, del empobrecimiento, pérdida de diversidad cultural, primacía de lo económico sobre lo social y lo político, etc.) y enlaza todas estas cuestiones con la necesidad de desarrollar una educación emancipadora que nos “libere” de lo anterior y sirva de eje fundamental para la transformación de la sociedad actual. Nos cuenta algunas características de esa educación, en qué principios ha de basarse y qué objetivos se ha de marcar (creación de una ciudadanía crítica, crear espacios de resistencia, además de denuncia, etc.).

Personalmente me ha parecido bastante interesante y sintética respecto el papel de la educación como proceso transformador de la sociedad. Por poner una pega faltaría aclarar el ¿cómo? Aunque aporta alguna idea al respecto sobre la importancia de las redes sociales (curioso ahora que hemos de debatir si seguimos en facebook, etc.), pero en el ámbito educativo no recoge más que grandes objetivos e intenciones. De hecho plantea la educación emancipadora como proyecto utópico (aunque necesario).

Mis conflictos personales.

Para analizar el papel de la comunidad en el desarrollo de una educación “liberadora”; a la hora de la verdad, me surgen varios conflictos respecto el papel que juegan o pueden jugar las diferentes “comunidades” a las que pertenecemos cada persona. Cada uno de nosotros/as, se integra casi inevitablemente en numerosas comunidades diferentes que muchas veces no suponen ninguna ventaja para avanzar hacia escuelas emancipadoras. Me refiero por ejemplo a AMPAS, municipios o barrios que – como en mi caso – son todo lo contrario y han conseguido que el rumbo de funcionamiento del instituto donde trabajo derive, desde un inicio con espíritu crítico, de promover conciencia social, de facilitar la participación; hacia un tipo de escuela reproductor del modelo hegemónico... pero eso sí, muy tranquilo.

Casos parecidos me pasan con los institutos de mis hijos, con funcionamientos semi-cuartelarios y segregadores en función de la capacidad de los alumnos/as. Mi hija, en 2º Bach, solo le interesa ahora mismo, lo que entre en selectividad o sirva para subirle la nota ...déjate de reflexiones sobre la transición española o del papel de la Iglesia en el desarrollo de la sociedad , lo que me interesa son los nombres y fechas de los implicados en la transición o el tipo de enlace químico que tienen los disacáridos.

Si hablamos de mi barrio, de clase media baja, las principales movilizaciones que se producen son las relacionadas con éxitos deportivos del club de fútbol correspondiente o de actividades ligadas a las Hogueras. En un caso hubo una movilización para rechazar que se habilitara una dependencia en el exterior del Hospital (está en el barrio) para atender toxicómanos con tratamiento de metadona (no les importa que haya toxicómanos que reciban el tratamiento, pero no quieren que estén a la vista). Hay una asociación de vecinos que organiza actividades de gimnasia de mantenimiento, clases de guitarra, bailes de salón... vamos, nada subversivo … ni ganas

Lo que quiero decir es que no sé si a nivel global se puede hablar de una comunidad con ganas de transformación, pero a niveles locales depende mucho de los contextos de cada uno.

Además, en nuestro trabajo diario, vivimos inmersos en la contradicción constante de querer una escuela diferente, pero – de una manera u otra- ser parte responsable de la actual; de querer una sociedad diferente pero participar de muchos modos en la conservación de la actual , integrándonos en comunidades que no desean realmente – al menos todavía– cambiar. En todo caso, creo que los deseos de cambio que se perciben, en muchos casos lo que reflejan es el deseo de cambiar el estatus de cada uno dentro de la estructura de la sociedad actual; pero no el deseo de que sea la sociedad la que cambie.

La comunidad educativa

Trabajamos en centros que constituyen comunidades cerradas, con compartimentos estancos, muy poco comunicados unos con otros. Centros con la necesidad de arbitrar medidas de protección, y de organización dentro del aula y del centro, de regirse en el seno de un marco legislativo muy poco flexible, de la tendencia, casi la inercia, de reproducir los modelos hegemónicos; de trabajar, semana a semana, con unos 100 alumnos diferentes llenos de incertidumbres, inmersos en el bombardeo social sobre la competitividad, el consumo, el éxito, etc. ; arrastrando problemas personales … y todo eso lo hemos de combinar con vislumbrar que nuestro trabajo tiene que servir para transformar – incluso en contra de su voluntad – la sociedad, valiéndose de (y promoviendo) comunidades cada vez más críticas, más sociales, con más demanda de participar en las decisiones que les afectan... Al final, ante tanta contradicción uno termina pensando que lo verdaderamente “emancipador” es dejarse llevar, porque te evita sufrimiento y te “libera” de compromisos, vamos, a lo Matrix.

Por suerte, es cierto que cada vez tenemos más comunidades con el deseo de cambiar todo eso – por ejemplo la del IRES – o movimientos como el 15M; partidos políticos nuevos que han surgido para las elecciones europeas con programas que al menos en las intenciones, pretenden ser transformadores, plataformas de todos tipo, las “mareas” multicolores , etc. Es lo que la ponente de la conferencia llama espacios de resistencia. Pues bien, creo que las aulas con profesores/as más o menos comprometidos y con conciencia de lo que significa nuestro trabajo hemos de convertir nuestras clases en “tiempos de resistencia” dentro de un horario escolar esquizofrénico y absurdo. En muchos casos deberíamos, si no se puede contar con la comunidad para favorecer una educación emancipadora, convertir el grupo de clase en una. Pero el cambio es doloroso. Conquistar libertades personales no garantiza un ejercicio coherente de las mismas, a modo de hijo/a treintañero que está más cómodo en casa de sus padres que asumir una independencia que conlleva muchos deberes y responsabilidades que ahora no tiene. Eso para el que tiene la suerte de tener condiciones laborales y económicas suficientes para intentarlo.

Una pareja de hecho

Así las cosas, tal como lo veo, entramos en una especie de bucle, en el que necesitamos de una educación emancipadora que sirva de herramienta para transformar la sociedad, pero para conseguirla hemos de crear demanda de la misma en el seno de las comunidades que conforman esa sociedad. Dicho de otra manera, necesitamos comunidades que apoyen la transformación de la escuela y escuelas que apoyen los cambios en las comunidades. Creo que sin una no se puede dar la otra; algo así como dos personas que necesitan apyarse uno en el otro para poder levantarse del suelo porque por sí solas no pueden.

Emanciparse en definitiva es cambiar, pasar de una situación a otra. El problema es que sabemos lo que tenemos (bueno o malo) pero ¿sabemos lo que tendremos en el futuro?... mucha gente sostiene que más vale malo conocido... que lanzarse a explorar. Para eso se necesita deseo, valor y medios. ¿qué parte puede aportar la escuela?¿ el deseo, el valor, los medios intelectuales...? Hasta ahora nos limitamos (o al menos algunos lo intentamos) sobre todo a hacer pensar... ¿será suficiente para despertar las ganas de cambiar tanto como para atreverse a intentarlo aunque produzca más sufrimiento? Si la sociedad y la escuela que queremos se necesitan mutuamente, el trabajo del profesor habrá de salir de los muros de los centros, y el de los padres, los vecinos, los responsables políticos con conciencia social, habrán de entrar dentro. ¿Sabremos movernos en esos nuevos espacios, dejaremos que entren en los nuestros?  Espero que sí, porque nos va mucho en ello.

La escuela que proponemos

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