Creo en las utopías porque la realidad es increíble


indraya - Posted on 28 September 2012

Ahora abro Twitter para ver que ha pasado en mi entorno cercano y lejano pensando en qué más va a cambiar, a qué más nos tenemos que ‘adaptar’. Ya no me sorprendo, y eso no significa que no me siga indignando. He trabajado en la escuela pública durante ocho años, me encanta compartir el día a día con los estudiantes. Hace cuatro años viajé al sur a intercambiar experiencias con maestr@s bolivian@s y me puse del revés, así me he quedado. Y con los estudiantes he compartido esta experiencia, y las suyas, abriéndonos ventanas a mil y una realidades y formas de verlas. Ahora me preguntan donde estoy, y zambullida en un mar de incertidumbre les digo que reinventándome, pero que seguiremos aprendiendo juntos, sino dentro del aula, fuera, en la escuela de la vida. Ayer se avivó la llama para escribir estas líneas que hacía días pensaba en plasmar en el papel y no sabía cómo. Una compañera me trajo los horarios del departamento de religión de su centro. Dieciocho horas lectivas de religión repartidas en dos horarios, uno de ellos a jornada completa y otro de media jornada. ¿Cómo? No salen las cuentas, de hecho, no hubiera hecho falta más de una persona, pero asumiendo horas de Atención Educativa (alternativa a la Religión) mantenemos el puesto de trabajo de dos docentes que no han pasado un proceso selectivo y este verano han dormido tranquilos sabiendo que su situación estaba salvada a costa de la de otros compañer@s, al igual que duermen tranquilas las personas que permiten esta situación en los centros. Quizás estoy siendo exagerada, vosotr@s diréis, pero la realidad me sigue pareciendo increíble, por eso sigo creyendo en nuestra escuela pública, y seguiré luchando por ella, por el futuro de tod@s. Y hoy vuelvo a abrir las redes sociales esperando ver más situaciones denunciadas que contrarresten las informaciones oficiales. Utilicemos la comunicación viral, que nos escuchen, nos lean, nos vean. Estar rodeada el 25S de un pueblo en movimiento, mantiene viva esa llama para seguir luchando conscientemente, caminando incansablemente y soñando infinitamente. Difundamos la realidad, contar vuestras historias, y nos visibilizaremos en las redes y en las calles. Creo en las utopías porque la realidad es increíble.

 

 

El miércoles pasado teníamos la primera reunión de nuestro grupo, La Illeta, después del verano. Algunas compañeras no habían podido venir, pero allí estábamos casi tod@s, 14 personas, en situaciones diversas:

1/3 aguantando el chaparrón en la escuela, cada una como puede.

1/3 jubilad@s, que siguen en nuestra ardua tarea, junto a tod@s.

1/3 profesoras interinas, vapuleadas y apartadas de la escuela pública por los recortes. Y allí están. Los ojos mirando un horizonte que queremos hacer llegar. Admiro su amor por la enseñanza y su anhelo por seguir educando y luchando por un mundo mejor.

 

Rabia, tristeza, impotencia, estupor, indignación, cansancio, abandono, sorpresa, lucha… Cada día entro al aula acompañada de todas estas sensaciones, con mis compañer@s  ausentes en la mochila y el destilado ácido de la situación que vivimos corroyéndome el alma.

Mis compañer@s que ahora no están. Procuro traerl@s a todas las clases, aprovechar cualquier oportunidad para nombrarl@s, para hablar de su ausencia, cuestionar esta espiral que nos envuelve... 

 

A veces quiero abandonar. Pero se me pasa cuando saludo a l@s chavales y cuando comparto sueños con las "compas" de la Illeta. Hay que hacer hueco a las utopías, si, abrir  fisuras en las instituciones, en la cotidianeidad absurda que nos envuelve…

 

Hoy, más que nunca, no podemos abandonarnos.

 

 

 

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